¿Qué sucede?
La mayoría de las personas somos introspectivas respecto de lo que sucede en nuestras vidas cuando las cosas no van bien. Mientras la continuidad de eventos que te rodean conserva la apariencia de solidez y normalidad, uno raramente se detiene a pensar sobre lo que está sucediendo.
En ese sentido, la solidez y la normalidad constituyen los dos principales sustentos de nuestro concepto de felicidad. ¿Para qué cuestiono lo que sucede en mi vida si realmente estoy tranquilo? Sin embargo, esos sustentos no son eternos ni permanentes, pues van cambiando constantemente de tal forma que no existe un contenido estático de lo que es la felicidad.
La experiencia de la satisfacción sólo es momentánea. El ser humano tiene la capacidad de crearse artificialmente necesidades y, ante ellas, busca satisfactores. ¿Qué acaso ello no constituye la base de nuestras sociedades consumistas? En virtud de que nuestra capacidad para crear necesidades no tiene límite, nuestras necesidades se van transformando, van creciendo, y los satisfactores poco a poco van perdiendo su atractivo original. Si no fuera así, no estaríamos pensando en cambiar nuestros autos o en comprar una nueva televisión o un nuevo aparato de sonido.
Por lo tanto, lo que en el pasado nos satisfacía y nos causaba felicidad, en el presente realmente pueden ser irrelevantes en nuestras vidas. Luego entonces, el contenido de nuestra felicidad no es estático, pues constantemente requerimos satisfactores para atender a supuestas nuevas necesidad y necesitamos sustituir a los viejos satisfactores con nuevos que tengan cualidades adicionales.
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