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Mandala

¿Qué sucede?

La mayoría de las personas somos introspectivas respecto de lo que sucede en nuestras vidas cuando las cosas no van bien.  Mientras la continuidad de eventos que te rodean conserva la apariencia de solidez y normalidad, uno raramente se detiene a pensar sobre lo que está sucediendo.

En ese sentido, la solidez y la normalidad constituyen los dos principales sustentos de nuestro concepto de felicidad.  ¿Para qué cuestiono lo que sucede en mi vida si realmente estoy tranquilo?  Sin embargo, esos sustentos no son eternos ni permanentes, pues van cambiando constantemente de tal forma que no existe un contenido estático de lo que es la felicidad.

La experiencia de la satisfacción sólo es momentánea.  El ser humano tiene la capacidad de crearse artificialmente necesidades y, ante ellas, busca satisfactores.  ¿Qué acaso ello no constituye la base de nuestras sociedades consumistas?  En virtud de que nuestra capacidad para crear necesidades no tiene límite, nuestras necesidades se van transformando, van creciendo, y los satisfactores poco a poco van perdiendo su atractivo original.  Si no fuera así, no estaríamos pensando en cambiar nuestros autos o en comprar una nueva televisión o un nuevo aparato de sonido.

Por lo tanto, lo que en el pasado nos satisfacía y nos causaba felicidad, en el presente realmente pueden ser irrelevantes en nuestras vidas.  Luego entonces, el contenido de nuestra felicidad no es estático, pues constantemente requerimos satisfactores para atender a supuestas nuevas necesidad y necesitamos sustituir a los viejos satisfactores con nuevos que tengan cualidades adicionales.

¿Por qué ...? I

En el budismo se enseña que todo cambia y que nada es permanente.  Por eso, toda apariencia de estabilidad o continuidad en nuestras vidas es sólo una ilusión.  Cuando nos empieza a ir bien en la vida solemos decir que tenemos una vida "estable".  ¿Qué significa eso?  ¿Por qué no decimos que nuestra vida es estable cuando nos va mal?  Todo es un truco del lenguaje y de nuestra mente; decimos que es estable porque todo va bien y nada en particular nos molesta de manera relevante.  Tan pronto sucede algo que nos perturbe en forma importante nuestra vida, pensamos que ésta no es estable.  Cuando calificamos a nuestras vidas de estables es porque sentimos que todo está sucediendo, en términos generales, tal como nos gusta.  Podrán existir aspectos pocos importantes que no nos gusten, pero no nos afectan de manera relevante y por ello pensamos que no son capaces de quitarnos estabilidad.

La realidad de las cosas es que nada es estable.  No existe estabilidad cuando nos va bien ni cuando nos va mal.  Todo está cambiando continuamente; sin embargo, si los momentos que integran esa continuidad son parecidos, pensamos que dicha situación es permanente.  Y de ahí nuestras mentes estiman que lo permanente es sólido.  A contrario sensu, si los momentos que integran la continuidad no son parecidos, decimos que nuestra situación no es sólida y consideramos que ello es algo negativo.

En pocas palabras, la mayoría de la gente no disfrutamos con los cambios y sobre todo cuando éstos implican sacrificar algo que es una comodidad que hemos integrado a nuestras vidas.

Empero, los seres humanos no sólo pensamos en términos de permanencia, sino también de normalidad.  La normalidad es un concepto que trata de hacer sólido un estado de cosas que estimamos axiológicamente bueno.  Cualquier cosa que se aleja de la normalidad la identificamos como algo negativo.

Luego entonces, no sólo valoramos nuestras vidas en forma positiva desde el punto de vista de la continuidad de eventos que se ajustan a nuestros gustos o a lo que nos es placentero, sino que también la evaluamos en función de lo que se acepta como bueno en una sociedad, independientemente del nivel de satisfacción que ello produzca.

Lo indicado en las anteriores líneas no es algo original y no pretendía serlo.  Sólo espero que sirva para definir los presupuestos que inspirarán los demás textos que encontrarás en este blog.

¿Para qué...? (leer antes de continuar)

De repente me encontraba en una página electrónica en la internet en la que se me preguntaba qué nombre deseaba dar al blog.  Antes de eso yo sólo había oído escuchar acerca de los blogs, pero nunca había visto o consultado uno.  Continué con el procedimiento que me señalaba la página para la creación del blog y sólo se me ocurrió nombrarlo "mandala".  Despues de haberlo creado no sabía realmente qué hacer con él.

Tenía dos opciones.  La primera era simplemente abandonarlo, como se abandona una cuenta de correo electrónico.  La otra era encontrar una finalidad para la que pudiera servir el blog.  Y he optado por esto último.

Por ello, quiero dedicar este texto introductorio a explicar para qué pienso utilizar el blog.  Ya de por sí existe muchísima información en la red como para abrumar a la gente con más datos.  Por este recomiendo que este texto se lea antes que cualquier otro a efecto de que el lector sepa si realmente quiere saber más de lo escrito en este lugar.

Creo oportuno indicar que en este blog los lectores no encontrarán textos con contenido científico, literario, periodístico o de crítica.  Antes era dado a escribir sobre temas intelectuales; sin embargo, eso ya ha pasado y prefiero lo que es sencillo y simple.  Tampoco deseo que el blog se convierta en un diario personal, pues posiblemente lo que le pase a mi persona en una vida ordinaria no sea de relevancia para las demás gentes.  Incluso, es seguro que mi vida esté llena de cosas tan ordinarias como las que le suceden a otros, que no tendría sentido dedicar tiempo a leer esa clase de contenidos.

Existen diferentes enfoques para contemplar lo ordinario y lo cotidiano.  A muchos de nosotros nos pueden suceder cosas iguales o parecidas, empero, no necesariamente todos interpretamos de igual manera esos hechos tan sencillos.  Y cada interpretación depende de lo que está viviendo cada persona, es decir, todos pasamos por diversas etapas en la vida y, como consecuencia de ello, nuestros intereses van cambiando.  También podemos pasar por etapas ascendentes y de éxito o por etapas de fracaso y frustación.  Cada uno de los aspectos influyen y permean la forma como vemos e interpretamos lo que nos sucede.

La vida nos va llevando por etapas en las que ocasiones pensamos que todo va bien y está lleno de seguridad, empero, no todo es permanente.  De repente, sucede que todo empieza a cambiar y el nuestro mundo se vuelve de cabeza.  En esos momentos perdemos nuestra orientación en la vida.  Seguro que en esos momentos todos tienen que pensar en obtener recursos para subsistir; sin embargo, ello sólo es un medio para continuar y no resuelve el fondo de nuestras preocupaciones.

Sobre esto es de lo que quiero escribir en este lugar.  Es decir, acerca de lo que experimentamos cuando perdemos nuestra brújula en la vida y sobre cómo cambia nuestra visión de nuestras vidas y de lo que hacemos.